Director: Maximiliano Núñez Cardoza
 Oaxaca de Juárez, Oax. Martes, 21 May 2013

Del Estado de México a Oaxaca

Eduardo Bautista

En las próximas elecciones del Estado de México no solamente se decidirá el cambio de gobierno en esa entidad, sino que se marcará la correlación de fuerzas partidistas para las elecciones del 2012.

Los resultados también incidirán en el futuro de los gobiernos estatales y en el realineamiento de las respectivas corrientes políticas locales, incluidas las de Oaxaca.

En esa entidad, la estrategia de coalición PAN-PRD adquiere un carácter diferente del que ha ocurrido en otros estados en donde obtuvieron éxitos electorales en el 2010.

Las condiciones son muy distintas de las prevalecientes en Oaxaca, Puebla o Sinaloa.

De entrada tendríamos que considerar la diferencia del tamaño del padrón electoral en Oaxaca, de 2 millones 682 mil 993, respecto al que registra el Estado de México, de 10 millones 626 mil 311, según datos del IFE.

Además, la distribución geográfica de la población, que en el Estado de México se concentra en los municipios conurbados al Distrito Federal y en la zona metropolitana de Toluca, lo que le confiere un peso político distinto.

Cabe agregar que Toluca no sólo es la capital del estado, sino que es el lugar donde se está articulando el PRI nacional en torno a la figura del gobernador Enrique Peña Nieto como virtual candidato a la Presidencia de la República.

Seguramente desde esa ciudad se emitirán instrucciones para la reorganización de los comités estatales del PRI.

Una de las primeras señales del pragmatismo para hacer política de este gobernador se dio con la designación del alcalde de Ecatepec, Eruviel Ávila, como candidato priista a la gubernatura, que si por una parte provocó tensiones en la oligarquía mexiquense, por otra logró impedir una desbandada en ese partido que favoreciera a los coalicionistas, como ocurrió en Guerrero.

Este estilo de hacer política seguramente prevalecerá para disciplinar a las diversas corrientes de las entidades en donde perdieron, y en el caso de Oaxaca es difícil pensar que el jefe de facto de los priistas pueda favorecer al grupo encabezado por el candidato a la gubernatura que quedó derrotado.

Se encuentran en juego muchos intereses económicos y el viejo partido (nunca se ha renovado) requiere la maquinaria aceitada.

Peña Nieto seguramente no querrá correr el riesgo de seguir el juego de los operadores electorales perdedores, quienes desde la óptica del priismo de arriba ya demostraron su ineficacia electoral y política.

De tal manera que el desenlace de las luchas intestinas que libran las corrientes del priismo oaxaqueño, de su teatro de purgas y ajustes de cuentas, no dependerá de la buena voluntad de los actores involucrados, sino de las decisiones que se tomen en el ámbito central del PRI para realinear de manera vertical a los grupos confrontados.

El futuro de los priistas oaxaqueños depende de la decisión que tome Peña Nieto.

Aunque cabe señalar que los resultados electorales en el Estado de México incidirán no sólo entre las corrientes locales del PRI, sino también en el margen de maniobra del gobierno coalicionista, puesto que en caso del triunfo del tricolor observaremos un gobierno estatal acotado, sin margen de maniobra y expuesto a la política marrullera durante los cuatro años que le resten.

El Gobierno del Estado de México se podría convertir en el administrador del mayor fideicomiso de recursos públicos para la campaña presidencial del PRI en el 2012.

La legitimidad de esa élite se está construyendo a golpes de rating con la vocería de Televisa y la compra de resultados anticipados de las casas encuestadoras, con cargo desde luego al erario y a todos quienes pagamos impuestos.

Será difícil que las actividades del gobierno oaxaqueño de alternancia puedan mantenerse al margen de la ebullición electoral del próximo año, que podría sufrir el realineamiento de los operadores de los partidos coaligados y el incremento en las presiones de los diversos grupos de interés.

Tampoco podría encontrar demasiado cobijo en la figura presidencial, puesto que el previsible desdibujamiento de la alianza entre el PAN y el PRD en el Estado de México debilitaría aún más las actividades del Gobierno federal en su último tramo.

No podemos ignorar que el PAN y el presidente Calderón, como bien señaló la dirigente mexiquense de ese partido, ha apostado casi todo a la estrategia aliancista, misma que en estos momentos se ve mermada ante la negativa para aliarse con el PAN del personaje mejor posicionado para la candidatura del gobierno mexiquense por parte de los partidos de izquierda, Alejandro Encinas.

El realineamiento del PRD-PT-Convergencia también incidirá en la ruta inmediata del actual gobierno de Oaxaca, puesto que si son éstos quienes ganan la gubernatura del Estado de México, procederán a la reorganización de sus cuadros en todo el territorio nacional con miras a la gran campaña. Aunque este sería el escenario más favorable para el actual gobierno de nuestra entidad.

En suma, el espectáculo actual de la política nacional sigue revelando el peso del centralismo y del presidencialismo en una etapa que se creían problemas superados.

Las decisiones siguen en manos de una oligarquía, de una clase política alineada a los intereses de los grupos de poder económico, mientras que las purgas y la guerra de declaraciones de los políticos locales, de segunda división, como las que observamos en Oaxaca, quedan para el regodeo y la distracción de los de abajo.

(*) Investigador del IISUABJO.

sociologouam@yahoo.com.mx