Lo recuerdo perfectamente. El reloj marcaba cerca de las 9 de la mañana, cuando en la radio local se daba a conocer que una avioneta se había desplomado muy cerca del aeropuerto de Huatulco.
¿Qué nos pasó? En qué momento permitimos que la violencia y el miedo se apoderaran de nuestras familias, de nuestras calles, de nuestra ciudad, de nuestro estado y ahora de nuestra nación.
Hay un relato de la mitología griega que a mí me parece sumamente fascinante, mismo que suele aplicarse a aquéllos personajes que no saben reconocer los tiempos en los que se desenvuelven o quienes por la emoción del momento en que viven, se olvidan de él.
Ni bien salimos de una y ya tenemos la otra a la vuelta de la esquina; me refiero a la crisis económica de dimensiones aún incalculables que estamos próximos a padecer.
Uno de los grandes problemas que afecta a los políticos es la falsa creencia de que los ciudadanos tenemos una memoria muy corta, cuando en realidad son ellos los que no se acuerdan lo que sucedió el día de ayer.
Hace poco más de 10 años fui invitado por un gran amigo, Alberto Esteva Salinas, y por una persona a la que siempre he respetado y admirado, don Jesús Martínez Álvarez, a participar en la fundación de un Instituto Político que apenas estaba dando sus primeros pasos. Su nombre: “Convergencia por la Democracia”.
El viernes pasado fui invitado por el Presidente de la Cámara Nacional de la Industria de la Construcción Delegación Oaxaca, José Manuel Pérez Noyola a la inauguración de la Expo feria que anualmente realizan.