Director: Abundio Núñez Sánchez
 Oaxaca de Juárez, Oax. Jueves, 02 Oct 2014

Transición en riesgo; el dinosaurio sigue ahí

Víctor Leonel Juan Mtz

Conservar o desmantelar la estructura legislativa e institucional autoritaria del antiguo régimen, es la diferencia esencial entre alternancia y transición.

Hasta ahora, merced a la alta concurrencia ciudadana a las urnas en julio de 2010 y a la convergencia de distintos partidos políticos, organizaciones sociales y organismos civiles, Oaxaca ha logrado dar el necesario primer paso: la alternancia.

Sólo que justo esa diversidad que empujó al PRI a su derrota, es la que ahora se ha convertido en un dique para dar el siguiente paso: la transición.

Por un lado porque lejos de convertirse el actual en un gobierno de coalición, se integró un gabinete sí plural, pero no unido en torno a un proyecto político; los partidos presentes en el gabinete con distintos personajes, no signaron el compromiso de unidad en torno a objetivos comunes.

Lo anterior ha derivado en que las distintas fuerzas representadas en el gobierno de Gabino Cué actúen de forma centrífuga, en que cada quien vela y trabaja por sus intereses facciosos.

Lo dicho, lo que era la mayor fortaleza de Gabino Cué como candidato: la conjunción de actores de todo el espectro ideológico a su favor, serían su más serio riesgo como gobernante; y rápidamente se han convertido en la mayor debilidad de su gobierno.

En el Congreso del Estado las cosas no están mejor. La agenda legislativa común y los compromisos por Oaxaca, signados por las fracciones parlamentarias del PAN, PRD, PT y PC para impulsar la gran reforma del Estado, no son ahora sino meras anécdotas del largo tránsito entre la elección y la asunción de sus curules.

La natural divergencia entre sus proyectos se ha impuesto sobre los compromisos signados; los intereses partidistas privan sobre el interés superior de impulsar una transición democrática.

Y las inercias de la cultura de la línea o la cooptación no han sido sustituidas por el debate abierto, el cabildeo, la negociación y la construcción de acuerdos.

Aunado a ello, la cultura política basada en el clientelismo, el corporativismo, la presión política, prevalece. Así, en la agitada agenda de los primeros tres meses del gobierno, las distintas problemáticas presentadas, que derivan de una descomposición institucional que requiere cambios de fondo, se han atendido con respuestas coyunturales, las viejas inercias, las prácticas políticas de antaño, en tanto que los nuevos canales institucionales aún no aparecen.

Los grupos que han crecido, medrado y obtenido fuerza política, clientela y privilegios del antiguo régimen se resisten a cualquier cosa que huela a cambio democrático.

El actuar magisterial es una muestra, pero no es la única ni son los únicos actores que se empecinan en obstaculizar el tránsito a la democracia.

Las cotidianas movilizaciones lo mismo de sindicatos, organizaciones y vecinos, nos muestran la persistencia de estos esquemas de presión política, incluso antes siquiera de probar canalizarlas por las vías institucionales. Las inercias prevalecen.

Y el dinosaurio sigue presente. Más aún, en un error de cálculo, se estableció que éste era encarnado sólo en el PRI. Pues bien, éste no sólo tiene emisarios en el nuevo gobierno, sino que se ha visto claramente que está presente en el más amplio espectro de la clase política y organizaciones sociales.

Diversos grupos no sólo están reacios, sino tienen capacidad de movilización e incluso pueden provocar actos de violencia. Otros tantos utilizan las anquilosadas estructuras normativas para buscar mantener el statu quo y mantenerse incrustados en un régimen que ya cambió.

La coalición de organismos autónomos que en días pasados se presentó ante los diputados para solicitar su “participación” en el debate sobre la reforma constitucional, es muestra de ello.

Y lo es, porque previamente habían fijado una postura de rechazo y descalificación a la iniciativa de reformas. No es pues que les haya surgido el espíritu democratizador, pues su historial los ubica precisamente en el lado adverso.

Esta conjunción de factores ha derivado en una semiparálisis gubernamental; el variopinto gabinete lejos de fortalecer, debilita al Ejecutivo, sobre todo porque el ulisismo sigue operando y jactándose de su posición de intocable, como en la difusión de su asistencia al super bowl.

Por otra parte, la complicación que representa exigirle cuentas, tanto por el marco legal autoritario y los candados a propósito establecidos para la protección de esos malos funcionarios, como por la lentitud de los encargados de revisar y fincar las responsabilidades, mina la credibilidad del régimen en la sociedad oaxaqueña.

Por si fuera poco el tiempo juega en contra. En este mes concluye el periodo ordinario de sesiones del Congreso, sin cambios legislativos trascendentales. Ya se ha elegido, con las reglas preexistentes, al presidente del Tribunal Superior de Justicia y a los integrantes del Tribunal Estatal Electoral.

En un mes habrá de hacerse lo propio con los consejeros del Instituto Estatal Electoral (IEE). En unos meses, el juego sucesorio en la Presidencia de la República será la que marcará la agenda nacional y la estatal; los partidos menos llegarán a acuerdos.

En este contexto, las alternativas son pocas y urgentes de operar. Recomponer el gabinete para tener un equipo sólido y leal que le permita no sólo la operación política, sino también hacer caminar la maquinaria que todavía no da visos de andar.

Construir acuerdos específicos sobre temas urgentes, por ejemplo la renovación del IEE. Si ésta se da sin que se haya realizado la reforma constitucional, bien pueden hacerse reformas al Código Electoral respecto a los puntos específicos en el procedimiento y los requisitos de los nuevos consejeros y evitar sean, una vez más, representantes partidarios.

Por otra parte, y este es punto que marca necesariamente si habrá transición o nos quedamos en la alternancia, es retomar de manera integral la reforma del Estado, que no se agota en la iniciativa de reformas constitucionales presentada por el Ejecutivo.

Por ello, habrá de llegarse a acuerdos con los partidos políticos para impulsar la reforma del estado, cabildear al Congreso para que se realice ya un debate profundo sobre la iniciativa de reformas constitucionales y se amplié a la legislación en general, pero que ello vaya dando como resultado ya la aprobación de los cambios necesarios.

Dado que en ello está el futuro de Oaxaca, también es tiempo que desde la sociedad civil, el movimiento social y los medios de comunicación, se generen las presiones, la participación crítica y la presión sobre la clase política para que cumplan con el mandato que la ciudadanía les dio.

La alerta es para todos. En ello va en juego la transición oaxaqueña o la permanencia de un sistema autoritario cuyos extremos se vieron en el pasado reciente.

vicleonjm@hotmail.com

(*) Investigador del IISUABJO.


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