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Reelección de diputados: porrismo legislativo

Legisladores que busquen la reelección serían forzados a una actuación decorosa y una mayor cercanía con sus representados, además de estimular un mayor nivel en el debate parlamentario.

Así lo argumenta la propuesta de reforma política del presidente Felipe Calderón; sin embargo, los hechos parecen demostrar lo contrario.

Recordemos que los legisladores pueden buscar la reelección, si bien no en el periodo inmediato al que fungieron como diputados. Entonces revisemos.

El 50 por ciento —250— de los diputados federales de la actual LXI Legislatura cuenta con experiencia legislativa previa: 158 local, 48 federal, 44 local y federal.

De ellos, llegaron con carrera precedente de tres años 192 legisladores, treinta y seis con seis, nueve con nueve, ocho con 12, cuatro con 15, y uno con 18 años como congresista.

Sumados a los 107 senadores que en 2006 ingresaron con experiencia parlamentaria, y que hoy cumplen su segundo periodo, dan 357 legisladores federales, de modo que 57 por ciento de los integrantes del Congreso cuentan con experiencia legislativa precedente a su actual encargo (El Universal 15/02/09).

Y, hemos visto que esa experiencia parlamentaria no se ve reflejada en el quehacer legislativo.

En el caso de los actuales diputados oaxaqueños en el Congreso federal, ocho de los priistas ya han sido diputados federales al menos una vez anterior: Manuel García Corpus, Héctor Pablo Ramírez Leyva, Jorge Franco Vargas, Sofía Castro, Elpidio Concha, Heliodoro Díaz Escárraga, Eviel Pérez Magaña, Jorge González Ilescas.

Además, a excepción de Héctor Pablo, Jorge Franco y Eviel Pérez, los demás también han sido diputados en la legislatura estatal. Otros tres, Antonio Yglesias Arreola, Margarita Liborio y Heriberto Ambrosio, han sido sólo diputados locales. Únicamente Emilio Mendoza Kaplan, Narcedalia Pineda y Manuel de Essesarte ocupan por vez primera una curul.

Pues bien, de nada ha servido su paso por los congresos; la “experiencia parlamentaria” que pueden presumir los legisladores que repiten en el cargo, es haber dado fama a lo que se bautizó como el “Bronx priista”, esto es, formar una especie de grupo de choque para reventar acuerdos, abuchear y denostar a los opositores que hagan uso de la tribuna, aplaudir rabiosamente a los diputados de su partido. Hacer el golpeteo político o encabezar la porra, nada que dignifique el trabajo parlamentario.

Esto es, auténticos “porros” legislativos, puesto que al igual que sus símiles universitarios, de nada les sirve su larga permanencia en las curules a los diputados o en las aulas a los universitarios; en ambos casos no aprenden, no se profesionalizan y entorpecen cualquier avance democrático.

De triste memoria ha sido el paso por las legislaturas federales anteriores de nuestros actuales “representantes populares” surgidos de Oaxaca.

No hay, salvo excepciones, capacidad parlamentaria; ninguno ha destacado como tribuno, y menos para la toma de acuerdos sustanciales en el Congreso.

De los otros partidos, la perredista Juanita Cruz Cruz ya fue diputada local; lo mismo que el panista Guillermo Zavaleta.

Y de su paso como legisladores tampoco tiene mucho que presumir. Ligados más bien a los grupos del poder del PRI, serviles a estos intereses antes, ya no digamos que a la sociedad, siquiera de los militantes de sus partidos que se suponían ahí representados.

Y otros diputados no son sino el reciclaje familiar como el caso de la hija de Raymundo Carmona, Bélgica Nabil. Y sin embargo, unos y otros repiten como legisladores. Algunos, incluso, han pasado de la Legislatura federal a la local y luego de nuevo a la federal.

¿Premio a su actuación como diputados? Nada que ver. Que ganen las elecciones no es un referendo a su gestión anterior, sino resultado de una serie de prácticas clientelares y de compra y coacción del voto.

Lo que los lleva de nuevo a las curules no han sido las buenas cuentas entregadas, sino la maquinaria gubernamental y priista (que en la práctica es la misma) que gana elecciones, independientemente de la pésima actuación previa de sus candidatos.

Dado que, de prosperar la reforma, seguramente de manera inmediata se hará la propuesta para hacer lo mismo con los diputados locales, ello entraña un serio riesgo para la entidad.

Si revisamos la actuación de las legislaturas oaxaqueñas de los últimos años, quienes han repetido en el cargo, lejos de aportar experiencia parlamentaria o capacidad de debate, sólo convalidan la grisura con que actúan los “representantes populares”. Y eso aplica a todos los partidos por igual.

Veamos. En la actual Legislatura oaxaqueña, al menos cinco diputados del PRI que iniciaron ya habían ocupado una curul con anterioridad: Herminio Cuevas, Antonio Amaro, Javier Mendoza Aroche, Sofía Castro y José Humberto Cruz Ramos (éstos dos últimos ahora se encuentran con licencia); y por la oposición también repiten: Félix Serrano Toledo, del PRD; Perla Woorlich Fernández, del PAN; Cristóbal Carmona Laredo, del Panal; Juan Bautista Olivera, del PT.

Y aunque poco más de la quinta parte de los diputados locales tiene “experiencia parlamentaria” previa, esto no se nota ni en la conducción, ni en el trabajo legislativo.

Los de hoy son los mismos que anteayer cómodamente aprobaban cuanto les enviara el Ejecutivo, y siguen igual.

Los opositores actuales, si acaso ya están más acostumbrados a negociar prebendas y canonjías, a cambio de su silencio o complicidad. Muy lejanos todos de dignificar al poder legislativo.

¿Que algunos diputados se esfuerzan por cumplir con un papel decoroso? Son los menos y la excepción sólo confirma la regla.

Entonces, mientras no se modifiquen las reglas para terminar con los inequitativos procesos electorales, se fijen candados para evitar el desvío de recursos gubernamentales hacia las campañas políticas y se eliminen las prácticas de compra y coacción del voto mediante programas sociales, seguirán llegando personas a todas luces limitadas para ser legisladores; buenos tal vez para la operación política, pero sin capacidad parlamentaria, experiencia o conocimientos para desempeñarse como tales. Los diputados oaxaqueños son muestra de ello.

Si bien la iniciativa de reforma política del presidente Calderón en sí misma podría parecer positiva, o al menos motivo de una reflexión y debate serio, el problema del decálogo es que está encaminada a aspectos muy puntuales del quehacer público del país, pero no es una reforma integral, que aborde todos los aspectos que es necesario cambiar para que funcione y cumpla con los objetivos que se propone.

Así, se evade nuevamente la responsabilidad de hacer, ahora sí una reforma que trascienda las buenas intenciones y se convierta en instrumento para reemprender el camino hacia la democracia que tanto se nos ha negado a los mexicanos. Y vaya que en Oaxaca tenemos experiencia en ello.

vicleonjm@hotmail.com

 

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