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Sucesión 2010, la hora de las definiciones

La semana que inicia será clave en la disputa por la gubernatura. Tanto en el PRI como en la oposición llegan a los límites, legales y políticos, para definir a sus candidatos y constituir o no la alianza.

Vaya que el dedazo priista atraviesa por dificultades. Desde la inusitada resistencia interna, la intromisión de la dirigencia nacional y grupos que buscan la candidatura presidencial para el 2012, hasta la formación de la alianza opositora, son factores que han minado el poder de maniobra del gobernador Ulises Ruiz para imponer a su candidato a sucederlo.

Del lado opositor no son menores las presiones en contra de la concreción de la alianza. Sin embargo, es prácticamente un hecho que ésta se realice, y lo es por una cuestión de elemental supervivencia política.

Recuperamos los escenarios que se presentan, de un análisis más amplio que se presenta en la revista En Marcha 122, que está en circulación.

I.- TRIBULACIONES DEL DEDAZO EN EL PRI

El banderazo dado tras los comicios federales de julio pasado a Eviel Pérez Magaña, coordinador de la bancada oaxaqueña en el Congreso federal, parecía en un inicio un plan alternativo en caso de que se presentaran dificultades para el considerado delfín natural, Jorge Franco Vargas, dirigente estatal del PRI.

Sin embargo, la resolución de la Corte, yerros del dirigente priista (como su repentina y tardía titulación) y el rechazo de sectores de su partido, hicieron que sus posibilidades se redujeran al mínimo.

De ahí la decisión de fortalecer al coordinador de diputados federales, con la consecuencia de apostar todo a una sola carta.

Sin embargo, habría que buscar la forma de simular lo inocultable. Por esa razón se ideó un montaje: la pasarela de seis posibles candidatos. Sólo que ésta derivó en una rebelión que se fue gestando en los últimos meses.

El problema no fue que se la creyeran o no, sino que al menos un par tiene aspiraciones de ocupar el cargo, han trabajado en ello durante sexenios y representan a disímbolos grupos de interés, como Adolfo Toledo Infanzón y José Antonio Hernández Fraguas. Y, por supuesto, Franco tampoco acepta verse desplazado de una carrera que creía ir punteando.

Además, el nuevo favorito no logra ganarse la simpatía ya no digamos del electorado, sino de las bases y grupos del PRI, ni tender los puentes hacia los otros aspirantes.

Paradójicamente dificulta al dedazo la posibilidad de recuperar la Presidencia de la República en 2012. Por lo pronto la rebelión interna logró atraer la atención de la dirigencia nacional y grupos políticos que se disputan esa adelantada candidatura presidencial.

Un candidato débil, que ponga en riesgo un bastión priista como es Oaxaca, es un lujo que no pueden darse. Ni tampoco permitir fracturas internas. Justo lo que, en distintos tonos, han alertado Toledo, Fraguas y Estefan Garfias.

La constitución de la alianza opositora también incide en la decisión priista. Si van por separado PAN y PRD, la maquinaria tricolor los avasallaría. Unida la oposición tornaría en competencia real la disputa por la gubernatura.

Eso lo sabe el PRI, por eso la andanada de descalificativos que han lanzado desde su dirigencia nacional, el bochornoso incidente de las diputadas oaxaqueñas, las presiones al Gobierno federal panista a declinar su intento por ir unido al PRD en varios estados, Oaxaca entre ellos.

Si la alianza se concreta forzaría a optar por el candidato con mayores posibilidades de ganar y asumir el control de la entidad, algo que difícilmente garantizan Eviel Pérez o Jorge Franco.

En ese escenario se fortalecen Adolfo Toledo y Hernández Fraguas, en ese orden. Son quienes podrían también protagonizar una fractura interna si la nominación recae en quien consideran tiene menores merecimientos.

5.- Con todo, podría arriesgarse a apostar por la aceitada maquinaria gubernamental/partidaria, incapaz de hacer un buen gobierno, pero eficaz para obtener triunfos electorales, y para ello cuentan con los recursos más altos recibidos en la historia de la entidad.

6.- El gobernador Ulises Ruiz quiere disputar la dirigencia del PRI nacional. Sólo que, si el proceso sucesorio en Oaxaca se descompone, si su candidato pierde o sí siendo su sucesor un priista no logra la estabilidad de la entidad, de la mano de ello perdería también cualquier posibilidad de encabezar al priismo.

Por lo pronto, la decisión salió de las fronteras estatales. Se dirime ya con la dirigencia nacional y los grupos políticos que se quieren posicionar en el ámbito nacional.

La indefinición sigue y habrá de resolverse antes de cubrir las formalidades que tanto gustan a los priistas: lanzar la convocatoria y hacer su simulacro de elecciones. Si al momento de hacer lo primero no hay arreglo, se puede presentar un cisma dentro del tricolor.

II.- LA OPOSICIÓN, LUCHA POR LA SUPERVIVENCIA

1.- Por separado PRD y PAN podrían desaparecer del mapa político estatal, con fuertes implicaciones para su presencia nacional.

Las dirigencias nacionales saben también que si son avasallados en los comicios que se efectuarán en 2010 en 15 entidades, pondrían en bandeja de plata el retorno del PRI a la Presidencia de la República en 2012. Una situación que no se pueden permitir. Así pues, a la oposición “no los une el amor sino el espanto”, parafraseando a Borges.

Tan en juego está su sobrevivencia que lo han entendido hasta los siempre prestos a oponerse a cualquiera que ponga en riesgo al régimen, como son dirigentes, representantes, tribus y corrientes estatales.

Su resistencia es menor a la que presentaron en 2004. Sólo Cristóbal Carmona hace desfiguros para acatar las órdenes giradas desde el gobierno y el PRI, pero sin causar menor mella en la decisión aliancista.

2.- Efectivamente en los últimos dos sexenios se ha incrementado la descomposición política (de la cual son corresponsables todos los partidos y la clase política en su conjunto) y se han asentado prácticas autoritarias, se tienen las condiciones y el argumento idóneo para coaligarse en contra del régimen.

3.- Un tema atora la alianza: la definición del candidato. Se propone a Pablo Arnaud y Huberto Aldaz, por el PAN; Carlos Altamirano, por el PRD; Gabino Cué, por el PC; Irma Piñeiro, por el Panal, entre otros.

Pero la alianza sólo representa la posibilidad de disputar en serio la gubernatura, no es garantía de triunfo; por tanto, habrán de postular a quien tenga mayor presencia en el ánimo del electorado.

Ya entrados en el pragmatismo, más allá de filias y fobias, sólo uno cumple con ese requisito ineludible: Gabino Cué. Su campaña de hace seis años por la gubernatura, hace cuatro por la senaduría, las giras con López Obrador, lo hacen el más conocido y con más simpatías entre los opositores.

Sólo una ruptura importante en el PRI (léase Toledo Infanzón o Hernández Fraguas) podrían desbancarlo, pero a medida que transcurre el tiempo esa posibilidad es cada vez más remota. Entonces, declaraciones aparte, difícilmente se arriesgarán a ir con otro que no sea Cué.

4.- La cuestión estriba entonces si la alianza constituirá una conjunción de esfuerzos o sólo será una unión de membretes como en 2004, cuando el manejo cerrado del círculo cercano al candidato, confrontó y excluyó liderazgos.

Los compromisos con el régimen de tribus perredistas, panistas y convergentes, así como sus pugnas internas, propiciaron la división e incluso llamaran a votar de manera diferenciada: por la alianza en algunas posiciones, por el PRI o el PUP en otras.

En 2004 ello resultó en que, lejos del postulado que señala que una alianza multiplica votos, únicamente se sumaran, pero –prácticas fraudulentas aparte– no alcanzaron para derrotar al PRI. La reedición de hace cuatro años o la posibilidad de hacer un sólo frente, es el desafío para la alianza.

 

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