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PRI y Alianza Opositora: estrategias para perder

A unos días de iniciadas las campañas formales para la elección de gobernador del estado y en medio del proceso de selección de candidatos a diputados y a presidentes municipales, tal parece que ni al PRI ni a la Alianza opositora les interesa obtener el triunfo. Lejos de ofertar un proyecto político claro, al ver sus estrategias de campaña se puede apreciar que más que para alcanzar la victoria están diseñadas para perder. Y si no, veamos.

I.- EL PRI: DERROTA ANTICIPADA

Todo indica que el PRI ha asumido que le es imposible ganar esta elección. Por tanto, antes que al triunfo propio le apuesta a que la oposición pierda. Lejos del juego de palabras que parece, esta visión guía la estrategia del tricolor (el PVEM es mera comparsa) para los comicios de julio.

Por eso no importa que el candidato se vea maniatado, copado por la neoburbuja ulicista reciclada ahora para continuar sus tropelías en el siguiente sexenio… si Eviel Pérez se convierte en gobernador, claro.

Por eso los candidatos a las presidencias municipales y a diputaciones locales están lejos de ser los de mayor trayectoria o mérito; al contrario, se ufanan en poner a lo peor del PRI, los menos capaces, o a los amigos y amigas del gobernador.

Así se vio en Tuxtepec, Huajuapan, Huatulco y la propia Ciudad de Oaxaca, por mencionar sólo algunos casos, pero la tónica parece repetirse en la mayoría de los municipios. De esa posición deriva que, lejos de la operación cicatriz con los descontentos, priva la imposición, es la disciplina a ultranza la que se exige a los inconformes con las designaciones; a los que además se amenaza con reprimir, perseguir y demás, si persisten en sus demandas.

Y es que el tricolor confía plenamente en su maquinaria probada en los comicios de 2007 y 2009, creen ciegamente que basta con ella para ganar. Por eso, lejos de buscar incorporar a ese amplio sector de votantes indecisos (entre 25 a 30 por ciento de acuerdo a las encuestas serias), se empecinan en trabajar sólo con el voto duro.

Saben, tal vez que, de acuerdo con experiencias previas, que difícilmente los indecisos votarían por el PRI, por tanto mejor buscar estrategias para inhibir el voto y promover la abstención.

De ahí que antes que ofrecer un proyecto de gobierno, la atención a las demandas y necesidades vitales para la entidad, privilegian el discurso demagógico de siempre y aceleran las prácticas que se han convertido en vitales para su continuación en el poder: la compra y coacción del voto; la compra y cooptación de dirigentes seudo opositores.

Por eso, lejos de ofertar políticas públicas distintas, visto el fracaso de las actuales, y de proponer modificar el entramado jurídico e institucional para restablecer el tejido social y político que se fracturó en 2006, se transmite el mensaje claro, sin ambages, del continuismo.

Y no de otra forma podría ser si quien está al mando real de la campaña es el propio gobernador del estado, y por tanto la estructura gubernamental y sus recursos están al servicio de la causa priista.

De ahí también que lejos de buscar que la ciudadanía participe, se promueve el abstencionismo y se busca inhibir el voto. Por un lado miles de operadores del priismo se movilizan en las comunidades ofertando programas sociales y diversos bienes para intercambiar con votos (desde despensas hasta concesiones de taxis o mototaxis) o amenazando con cancelarlos si no se vota por el PRI.

Por otro, se aumenta a los burócratas la cuota de credenciales de elector que deben reportar; de 20 en comicios anteriores a 30 ahora. Su objetivo, por más que González Ilescas presuma que aumenta la votación a favor del PRI, no es precisamente que voten, pues muchos lo harían en contra, sino que al menos duden hacerlo.

De ahí puede explicarse también el clima de violencia que prevalece. El temor inmoviliza o estimula el voto del miedo, cauteloso con un cambio que se ve incierto cuando quienes detentan el poder tienen el control de todo el proceso, desde los organismos electorales hasta muchos de los supuestos opositores.

Los hechos de San Juan Copala pueden explicarse en esta lógica: no necesariamente la acción directa, pero si el dejar hacer, dejar pasar, pues la violencia e impunidad, se traduce en temor e inacción ciudadana, que es el efecto buscado.

De igual forma crear molestias permanentes a la sociedad capitalina y de ciudades importantes no es sólo ineptitud, aunque haya buena dosis de ella.

El mejor ejemplo es el laberinto en que han convertido desde hace meses al centro de la ciudad. Sin previo aviso, sin planeación, levantan calles, hacen intransitable el tráfico; reabren calles concluidas. Propician el hartazgo ciudadano, pues una observación de estos hechos puede mostrar cómo se repiten cada que hay elecciones.

Y es que han medido: es un hartazgo que lejos de generar una reacción de la ciudadanía, produce inmovilidad, que se traduce en abstencionismo, que se traduce en menos votos en contra.

Con una ciudadanía activa, que concurra a los comicios y valore su voto; que haga de las elecciones un ejercicio de rendición de cuentas de sus gobernantes, el PRI estaría perdido de persistir en esas prácticas.

Lo singular del caso oaxaqueño es que esas prácticas son las mismas que le dieron carro completo en 2007 y 2009. ¿Se repetirá la historia?

II.- LA COALICIÓN, TRABAJANDO… ¿PARA PERDER?

Las cosas no cambian mucho entre los partidos opositores que conforman la coalición opositora “Unidos por la paz y el progreso de Oaxaca” (PAN, PRD, PT y PC). Como en el 2004, privan los yerros, la división y la falta de trabajo conjunto. La apuesta sólo a la mercadotecnia electoral, en un estado como Oaxaca reviste serios riesgos.

Para empezar el mayor problema es que su línea defensiva fue hecha trizas desde antes de constituir la alianza, pues sus filas están más que infiltradas. Por supuesto, no es sencillo quitar los lastres que representan los seudo opositores que han medrado desde el PRD y PAN, principalmente.

Si en los peores momentos del ulisismo, como en 2006, fueron sus más serviles colaboradores, qué se puede esperar que hagan en estas elecciones. Apuestan entonces a dinamitar desde dentro a la oposición. No por tantos años estos personajes han hecho del PRD un partido de familias y amigos. Ahora, prestos para continuar sirviendo al PRI continúan los Serrano Toledo, la familia López (los Nelio, los Santana, los Romero), los Vásquez, los Jara, los Ramírez, los Carmona, etcétera.

El tamaño del temor a perder privilegios y prebendas se vio en la asamblea interna del PRD en el cual se desató la violencia por la disputa de candidaturas.

Porque está visto, la consigna es poner a candidatos a modo para que los del PRI puedan ganar sin graves complicaciones. Esto es, si los priistas ponen a uno malo, hay que poner a otro peor. Y en eso son expertos. Como se aprecia con el encargado de la Costa, Raymundo Carmona Laredo, por una parte hace trabajo para el Panal, por otra impone candidatos débiles, como en Huatulco donde la división del PRI pone en bandeja de plata el Ayuntamiento para la oposición, se nomina a un desconocido por la alianza. En Oaxaca, en donde el acuerdo es que el PAN sea quien ponga el candidato a presidente municipal, hacen circo, maroma y teatro para enturbiar el proceso.

En Juchitán está claro que el dilema del PRI de a quién apoyar no pasaba por ver quién es el más fácil de cooptar, que los principales candidatos —Héctor Sánchez y Lenin López Nelio— hace rato que abrevan del agua tricolor, sino quién era el más manipulable y entreguista. Ganó Lenin.

Más cuidaditos por Ramón Corral, poco han podido hacer los panistas, aunque en algunos lugares logran burlar la vigilancia, como en Tlacolula, donde su propuesta para la candidatura de la coalición saldrá de entre tres ex priistas y un sempiterno aspirante que desde las filas del FALP siempre se registra… cuando de perder una elección se trata.

Esta división en las filas de los partidos aliancistas pesan en contra de la imagen de la coalición y de su candidato a gobernador. Por si faltara poco, también en el primer círculo de Cué Monteagudo, prevalecen serias diferencias como ha trascendido (Milenio, 04/05/10).

Por otra parte, el discurso opositor no ha logrado demostrar su diferencia del que enarbolan los otros candidatos. Se dice que tienen un avanzado proyecto de gobierno, reforma del estado y demás. Pero el documento no ha trascendido más allá del círculo rojo, si acaso, pues al común de la población no se le ha hecho llegar.

Por el contrario, se repiten ofertas clientelares y paternalistas (un tortibono más o menos que el del PRI, o útiles escolares y bicicletas— ¿remember el vocho y la computadora para todos?).

Tal vez por eso en su inicio de campaña el desangelado discurso del candidato sólo prendió un poco cuando se refirió a propuestas en materia política, lanzó retos a los otros candidatos y agradeció a AMLO y al presidente Calderón su apoyo.

En el resto del discurso, lejos de tejer las grandes líneas de su gobierno, optó por presentar un catálogo de ofertas: útiles escolares, medicinas en los centros de salud, etcétera; importantes sí, pero que derivarían de su posicionamiento en materia de salud, educación, etcétera, algo que no aparece.

Situación compleja la de la alianza: copada por el Gobierno estatal, que de manera arbitraria les cierra espacios, amenaza y persigue a sus adherentes y encabeza una guerra sucia en su contra, ésta parece reactiva y, lo peor del caso, transmite la imagen de división, violencia y encono, justo el traje que les pretenden endilgar.

No se ve ese análisis autocrítico y ejercicios que innoven la imagen del candidato. Que convenzan a ese amplio sector de indecisos, quienes están más cercanos siempre a la oposición que al partido gobernante. Para ganar deben convencer a quienes aún no se definen. Y para ello deben primero demostrar que no será un ejercicio vano concurrir a las urnas.

Con todo, si como se prevé, en razón de presentarse comicios concurrentes con las elecciones municipales, la participación superara los 55 puntos porcentuales, los partidos coaligados en la alianza opositora podrían ganar, a pesar de sí mismos.

III.- ¿OAXACA PIERDE?

En medio de esta guerra electoral, si continúan en esa dinámica, todo indicaría que, otra vez, la gran perdedora será la sociedad oaxaqueña.

La clase política se acomodará y los ciudadanos se quedarán esperando nuevamente los cambios que urgen para detener la crisis oaxaqueña.

Por eso, es importante que la ciudadanía asuma también su papel y exija a los políticos y a los partidos, compromisos serios. Y en razón de ello, pueda decidir su voto. Lo que no vale es que no se participe.

vicleonjm@hotmail.com

 

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