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Los municipios, la clave del 2010

¿Por qué la persistencia del defenestrado dirigente del Panal, Cristóbal Carmona Morales, de sustituir candidatos a las presidencias municipales, en contra de su dirigencia nacional, su candidata a gobernadora y de las disposiciones legales?

¿A qué obedece la complicidad del Instituto Estatal Electoral de aceptar las sustituciones cuando es claro que no se cumplían con las disposiciones legales al respecto?

¿Cuál el interés de personajes que evidentemente jugarán el papel de esquiroles como Humberto López Lena Cruz o Héctor Sánchez López?

¿Por qué en muchos municipios buscan quien pueda jugar este mismo papel registrándose por el Panal o por el PUP?

¿Cuál es la intención de las dirigencias estatales del PRD y del PAN de imponer candidatos malos, a modo para que gane el PRI en las elecciones municipales?

La respuesta a estas interrogantes es una: en los comicios municipales se juega la gubernatura del estado. El próximo mandatario estatal será de la coalición que capte mayores votos en las elecciones municipales.

Esto en razón de la concurrencia de elecciones, la participación ciudadana que generan los procesos municipales y la escasa cultura del voto diferenciado.

Como hemos explicado en otros trabajos, la participación/abstención ciudadana, es la que está definiendo en los últimos años al ganador de los comicios.

Pues bien, en 2010, además de las elecciones a gobernador del estado, por primera vez en la etapa de real competencia, concurren los comicios municipales. Y en ellos la participación aumenta.

Si bien se celebran estos comicios sólo en 152 de los 570 municipios de la entidad; éstos concentran alrededor del 70% del electorado, mientras que los 418 municipios de usos y costumbres tienen al 30%.

Si revisamos las tendencias electorales a partir de 1995, año en que se clasificaron a los municipios en esos dos regímenes electorales y que empezó una seria disputa por el poder local, podemos apreciar que sólo en 1995 la votación del PRI-PVEM supera, por menos de 0.2 puntos porcentuales, a los votos obtenidos en conjunto por los partidos opositores ahora coaligados.

En todos los comicios posteriores, los opositores superan al tricolor y su aliado ecologista, por escaso margen, menor a dos puntos, en 1998 y 2004, pero con gran amplitud en 2001 y 2007 (entre ocho y nueve puntos).

Estas, que pudieran ser buenas noticias para la alianza opositora, se ensombrecen al revisar los municipios ganados por unos y otros.

En 1995, la derrota del PRI no ocurrió por la suma de votos estatal, ni por el número de municipios en que le ganó la oposición; lo fue por la importancia de los ayuntamientos que perdieron: la capital y las principales ciudades de la entidad, como Tuxtepec, Huajuapan, Juchitán, Matías Romero, Loma Bonita, Xoxocotlán, entre otros.

Tras ese proceso, elección tras elección disminuía su caudal de votos y cada vez pierden más ayuntamientos. Hasta que llega el 2007 (Ver gráfica 2).

Y es que hace tres años el PRI tiene un repunte en el número de municipios que gana, 11 más que en 2004; lo singular es que recupera los principales ayuntamientos del estado y derrota a la oposición en sus bastiones: al PAN en Tuxtepec, Huajuapan y Matías Romero; al PRD en Xoxocotlán (y éste pierde también Juchitán y Tlacolula), además de conservar la Ciudad de Oaxaca que había recuperado antes y que, paradójicamente constituye el mayor reservorio de votos para los partidos de oposición.

Esta recuperación podría ser un buen augurio para el PRI, de no ser porque en ese año, 2007, al sumar su votación total en las municipales, es superado cómodamente por los partidos opositores por 9.4 puntos.

Un factor que no se aprecia claramente es la de la participación/abstención, porque al presentarse en esos años comicios separados, las cifras podrían apreciarse de manera confusa.

Por tanto, es necesario desagregar primero lo que ocurre en los procesos locales y luego complementar con la participación que se genera en los estatales.

En los comicios municipales la participación es más alta, resultando en promedio de 54.3 por ciento, contra el 50 por ciento en promedio de las elecciones a gobernador.

De mantenerse la tendencia de las municipales ahora que concurre con los comicios estatales, una votación superior al 50 por ciento, complejiza las posibilidades de triunfo del PRI y hace más factible la de la oposición.

Sin embargo, es necesario promediar con lo que ocurre en 418 municipios de usos y costumbres.

Para ello nos remitimos a la participación que tienen en los comicios a gobernador (45.1%). Al cruzar datos con el promedio del 54 % de las municipales, nos da una media del 51 %. Ligeramente superior al promedio de comicios para gobernador, lo que anticiparía un escenario de resultados muy cerrado.

Las cosas no terminan ahí. Contra la creencia generalizada, en los centros urbanos es donde se presenta el abstencionismo más alto en comicios municipales.

Alcanzó el 60% en Oaxaca, Huajuapan, Tuxtepec, en 2007; y casi el 70% en 2004 en la capital estatal. No es menor este asunto porque en las elecciones a gobernador en estas ciudades se presenta la participación más alta; hace seis años fue del 57.5% en la capital.

Por tanto la concurrencia de las elecciones podría propiciar una participación ciudadana más alta, alrededor del 55%, lo que daría más posibilidades a la oposición, pues en otras ocasiones hemos demostrado cómo el abstencionismo favorece al PRI y viceversa, la alta participación ciudadana es favorable a la oposición. Aunado a ello, la composición del voto es predominantemente urbano.

El caso de la capital del estado es paradigmático. Ahí el PRI no tiene ninguna posibilidad con una oposición unida y una alta participación ciudadana. Desde 1995 es bastión opositor. Las condiciones que han permitido que recuperase el Ayuntamiento en 2004 y lo mantuviese en 2007, es la división del voto opositor casi por la mitad y un alto abstencionismo.

Y es que la mayor afluencia a las urnas la provoca una polarización clara entre dos propuestas. Situación que se presentará en la mayoría de los municipios en la entidad y que se pretende evitar enviando esquiroles o poniendo candidatos serviles al PRI, como Lenin López Nelio en Juchitán.

Como puede observarse de las tendencias electorales, la clave de este proceso electoral está en los municipios. Desde ahí se quiere allanar el camino a los candidatos a gobernador.

Paradójicamente, es ahí donde las coaliciones cometen sus mayores yerros. En el PRI, con la denunciada venta de candidaturas a presidentes municipales, sacrificando liderazgos, trabajo político y posibilidad de triunfo. Acciones con las que podrían estar dinamitando la posibilidad de mantener la gubernatura.

Su única ventaja es que en la alianza opositora no caminan mejor las cosas. En parte por la labor de zapa a favor del PRI, que realizan las dirigencias de los propios partidos coaligados, fundamentalmente el PRD.

Los del PAN, aunque más cuidados por el delegado del CEN, no impide que realicen sus mejores esfuerzos por nominar a candidatos perdedores en donde les es posible.

Sin embargo, si bien la selección de los candidatos es fundamental, la polarización generada ya por la contienda por la gubernatura, puede agudizarse en la disputa por el poder local, más allá de los personajes nominados a contender.

Con ello, de acuerdo a la estadística electoral, sin considerar otros factores de coyuntura, la alianza opositora podría ganar a pesar de los partidos que la integran.

Con todo, no es menor el trabajo que la maquinaria PRI/gubernamental hace rato que realiza y que tienen como base el espacio municipal.

Se han acrecentado los grupos corporativizados a través de programas sociales y apoyos diversos, hay ahora una amplísima red de organizaciones clientelares; se alientan prácticas para la inhibición del voto; se crea el ambiente de inseguridad y violencia que ahuyenta al electorado.

Es necesario apuntar que estos escenarios se hacen de acuerdo a las tendencias electorales, que no tienen por qué ser deterministas, pero proporcionan elementos esenciales para cualquier análisis de coyuntura y de prospectiva política. Incluso, dan mejores herramientas para prever el comportamiento electoral que las encuestas, dado que son resultados que, elección tras elección son verificables. Y, en los últimos 15 años, el patrón de participación/abstención y su reflejo en los resultados electorales se han cumplido.

Más allá de ello, lo que si queda claro es que, como nunca, las elecciones municipales son vitales en la conquista del poder estatal en este 2010.

 

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