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Investigar a Oaxaca

No me pidan razones

No me pidan razones, no las tengo,
O daré cuantas quieran; bien sabemos
Que razones son palabras, todas nacen
De las mansas falsedades que aprendemos.
No me pidan razones para entender
La marea rebelde que me llena el pecho.
Mal en este mundo, mal con esta ley;
No hice yo la ley ni el mundo acepto.
No me pidan razones, o que las disculpe,
De este modo de amar y destruir:
En la más oscura noche es donde amanece
El color de Primavera, el porvenir.

José Saramago/Poesía completa/Alfragura/2005

MUJERES Y POLÍTICA.- Después de reproducir esta poesía de José Saramago, quien a pesar de lo que digan se quedará por siempre en la historia humana y lamentar la pérdida de Carlos Monsiváis, es necesario mirar el otro espacio, el pequeño lugar del gran problema, el nuestro: Oaxaca.

La convulsión crece en desorden y se vuelve un gigante de mil cabezas, un monstruo que comete atrocidades a cada paso.

Grave, sin duda, la privación ilegal y agresión que sufrió Aurora López Acevedo por lo que entraña. Ya perdí la cuenta de lo que se ha quedado inconcluso, pero quien investiga debe hacerlo a fondo, llegar a la verdad y castigar a quien resulte responsable.

Es curioso, pero sobre los hechos siempre tenemos dos versiones, sacamos conclusiones y condenamos. Ese mal hábito no es sino resultado de las pésimas investigaciones que realiza la Procuraduría General de Justicia del Estado o la Procuraduría General de la República, según el caso, y no de ahora, no, es de todos los tiempos. En este caso llegar a la verdad es fundamental por todas las mujeres.

La primera versión es dicha por la propia Aurora Acevedo, ex funcionaria y actual coordinadora nacional ejecutiva del Capítulo Transporte Urbano de la Asociación Mexicana de Transporte y Movilidad, quien acusa que fue secuestrada y torturada sexualmente por su participación política en el ala opositora al PRI.

Señala al ex director de la Policía Ministerial de Oaxaca y ex jefe de escoltas del ex gobernador José Murat, Manuel Moreno Rivas, como uno de sus agresores.

Recordemos que en mayo de 2006, Aurora y dos de sus colaboradores en la Coordinación del Transporte fueron acusados de haber cometido al menos 3 mil 500 irregularidades en la entrega de concesiones del transporte colectivo.

La segunda versión es la construida en base a los dichos, un rompecabezas con piezas que no se ajustan a una realidad común y se siembran las dudas.

Hay quienes no creen en la agresión que denunció a los medios y no ante la autoridad correspondiente Aurora Acevedo, la razón: el trascendido de que el domingo 13 de junio fue vista en la comida ofrecida al candidato opositor.

La presencia de la llamada “Zarina del transporte” llamó la atención, sorprendió y quienes la vieron pudieron apreciar, aún a la distancia, los moretones en sus brazos.

La primera duda lleva a la pregunta de ¿cómo fue a esa comida si se encontraba golpeada y agredida sexualmente? En el entendido de que la mayoría de las mujeres habrían actuado de otra manera.

Entonces surge la versión de que quizá habría sido un invento, como aquel de Murat y su atentado, que con tan mala suerte planeado que terminó por costarle la vida a un humilde policía.

Por eso es exigible que las autoridades actúen de manera neutral que investiguen y aclaren los hechos, ya la ciencia permite ser más certeros a los investigadores, ojalá que hagan su trabajo.

Porque no sólo se ha puesto en duda la agresión contra Aurora Acevedo sino contra todas las mujeres y en especial contra aquellas que sufren esa incalificable violencia que no es sino la mayor demostración de sometimiento contra una mujer, el más incalificable, reitero.

Sin embargo, para llegar a la verdad es necesaria la denuncia ante un Ministerio Público de otra manera quedará la duda y será más proclive el pensamiento colectivo a creer que no hubo tal y que se trató sólo de un acto sórdido para enrarecer los ya opacos aires electorales.

El segundo asunto que debo comentar es la frivolidad con que se toman algunas quejas en la Comisión para la Defensa de los Derechos Humanos de Oaxaca (CDDH), donde el presidente Heriberto García Antonio no tiene tiempo para contestar, para eso tiene a las y los visitadores.

Y es de llamar la atención cómo ese no deja de ser parcial y sigue escuchando el rumor del viento gubernamental, peor aún, cómo quejas bien fundamentadas reciben respuestas que más bien parecen un acto burocrático donde el servidor público se concreta a llenar un machote.

Queda claro que ese organismo quedó rebasado ante las carretadas de quejas que se presentan frente a una ciudadanía permanentemente violentada en sus derechos humanos.

Por eso vale la pena comentar la queja que el 10 de junio dirigió a García Antonio, la Consejera Ciudadana de la CDDH, maestra Laura Susana Chia, sobre la grave situación que viven los habitantes de la zona Triqui, y que recibió en esa misma fecha la Dirección de Quejas y Orientación por instrucción del presidente.

El recuento de la consejera incluye 11 hechos de los muchos que podrían documentarse pero que ejemplifican la realidad de las y los habitantes de la zona Triqui que carecen de todo poder.

El último punto, reproduce parte de una entrevista a Guadalupe Rodríguez, diputada del PRD e integrante de la planilla de Luis Ugartechea de la coalición Unidos por la Paz y el Progreso (PAN,PRD,PT y Convergencia) a la alcaldía local, que reproduzco por su gravedad:

“Lo que toca para establecer el estado de derecho es suspender las garantías individuales a efecto de que el Ejercito pueda entrar a la zona, desarmar a los grupos armados y garantizar la seguridad de las personas, y que esto debe hacerse en la observación internacional y nacional en materia de derechos humanos..”, sin duda una idea peligrosa para la vida e integridad de las mujeres.

Chia pide que se haga una investigación y la recomendación que pudiera darse por la comisión y omisión de actos cometidos por las actuales autoridades y servidores públicos de los gobiernos estatales y municipales, es decir, el gobernador, el secretario de Seguridad Pública, el Procurador (en este caso la procuradora), el comisionado de la Policía Estatal y los miembros de los Cuerpos de Seguridad Pública, incluso las Comisiones de Derechos Humanos Nacional y estatal “en cuanto a lo que le demanda el Artículo 1,2 y 3 inciso VIII de la Ley de Responsabilidades Administrativas de los Servidores Públicos.

De acuerdo con la consejera existen graves violaciones a los derechos humanos y sustenta su afirmación en tres razones: el reconocimiento expreso por parte del Estado, funcionarios e instituciones de una permanente impunidad que azota la región; la desatención de las autoridades competentes de Seguridad Pública y de Derechos Humanos; finalmente, esto ha dejado a la comunidad Triqui “en calidad de víctimas en medio de un estado absoluto de indefensión”, esa comunidad ha quedado de-sujetada a la ley y señala más adelante que la omisión origina, además, una forma de discriminación asociada a la etnia.

La respuesta llegó el 15 de junio, en realidad es un informe de las recomendaciones que ha emitido sobre el caso.

Tanto en el caso Aurora Acevedo, como en el conflicto Triqui, y quizá en todo lo que sucede en Oaxaca desde hace varios años, lo que no existe es la verdad porque nadie investiga, todo se hace a modo.

Se exige por ello que se indague, porque vivir sin certeza provoca mucho más daño del que se imaginan. El ejemplo vivo son las mujeres triquis, el botín de una guerra inacabable del que como dice la consejera Chia, las autoridades hacen caso omiso y que podrían ser aún peores con propuestas como la de Guadalupe Rodríguez, que resultan por demás inadmisibles.

Bien valdría la pena quela diputada y aspirante a concejala en el municipio de Oaxaca pudiera ilustrarse sobre lo que pasa con las mujeres indígenas cuando el ejército pone sus botas en sus comunidades. Chiapas, Guerrero y Oaxaca tienen su historia.

Pero, también están Coahuila, Veracruz y Michoacán, sólo por citar los hechos de los últimos 16 años. No me sorprende la declaración de la perredista, pues su partido nos ha resultado todo un entuerto fascista contra las mujeres.

(*) Soledad Jarquín Edgar, Premio Nacional de Periodismo 2007 en la categoría de Noticia, Corresponsal de CIMAC (Comunicación e Información de la Mujer A.C.) en Oaxaca.

 

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