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De los paraísos fiscales a los terrenales

HACIA UNA PEDAGOGÍA SOBRE LAS LÓGICAS DEL PODER

Hace unos días un camión de la ruta C.U.-Plaza del Valle fue detenido por un grupo de maestros y normalistas.

 

El camión iba lleno de gente. Los profesores pidieron a los pasajeros bajarse porque iban a llevarse el camión.

La gente permaneció abordo, desobedeció la orden, empezó el intercambio de palabras. Una señora de la tercera edad dijo que por qué no mejor tomaban la casa del gobernador. Otro señor desesperado dijo que tenía que llegar a su trabajo y que se le hacía tarde.

Los profesores dijeron que estaban luchando en contra de las injusticias y los malos gobiernos.

Una señora habló de los Paraísos Fiscales y de los Papeles de Panamá, que había escuchado en las noticias.

Ah chingá. La cosa se ponía buena. Eso parecía un buen debate. A bordo del camión una señora dijo: ‘yo si me bajo, estoy de acuerdo con los profesores’. Para entonces el chofer había cerrado la puerta trasera.

Unos pasajeros animaban al conductor a que se pelara aprovechando la confusión de las palabras.

A un joven se le ocurrió la genial idea de decir a los manifestantes: miren por qué no agarran un camión que venga vacío. En ese momento iba pasando un camión semi vacío. Los manifestantes lo detuvieron y nos dejaron ir.

Esta anécdota ilustra el momento actual. Los conflictos derivados de políticas diseñadas arriba se convierten en crisis que golpean abajo.

El escenario de convulsión social y de desastre, es un escenario cómodo para el poder formal o fáctico. La indignación y el encono social juegan a favor de los grupos económicos y políticos que detentan el poder porque logra que la confrontación se zanje abajo. Mientras arriba se administran negocios, se ceden posiciones, se negocian cargos.

El verdadero problema no es entre los de abajo, es con los de arriba. La desatención de los de arriba a lo que pasa abajo no es casual, es intencionada. Mientras más enojo y descontento, más posibilidades de violencia. La lógica del poder apuesta a la violencia.

La anécdota del camión puede ayudarnos a comprender cómo se desactiva esta lógica del poder. Una buena combinación: una ciudadanía dialogante, informada, con chispa e ingenio y también empática con la protesta y la manifestación pública.

Hermanos y hermanas: tenemos el recurso de la palabra y de la acción transformadora para cambiar el mundo. Amén.

 

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