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Morena: construyendo un nuevo modelo de partido político

Guelaguetza 2019

ISONOMÍA

La actual coyuntura se articula como el inicio de una fase de lucha por el control, consolidación organizativa y definición estratégica del Partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) de cara a sus equilibrios internos; sus desafíos externos y  sus compromisos con la nación.

Al margen de los personajes  que protagonizan la lucha, está claro que lo más importante es la preservación de la unidad del partido y su fortalecimiento como colectivo que aspira a conducir a la nación.

El compromiso institucional de renovar al comité directivo nacional y los de los estados para noviembre próximo, prefigura una convulsión interna que debe incluir el debate serio, no simulado, sobre el modelo de partido que se está construyendo en el contexto de la transformación que vive el país.  ¿Cuál es el modelo de partido que necesita el país en el marco de la actual coyuntura histórica?

“Entre gitanos no se leen la mano”. Bien se sabe que los proyectos políticos por más progresistas que sean, sólo pueden construirse en el marco de una evaluación realista que contemple la correlación de fuerzas existentes de quienes apoyan y quienes disienten.

Y ya en este terreno sigue contando la cantidad de recursos materiales y humanos de que se dispone, pero además debe contar el prestigio y la propuesta doctrinaria ético-moral de los contendientes.

En el siglo XX de la modernización política prevaleció el modelo clásico de los partidos que se construían con un fuerte componente doctrinario que luchaba por el poder del Estado en el objetivo de hacer prevalecer los intereses, aspiraciones y necesidades de los grupos y clases que representaban.

Al margen de las desviaciones de las clases dirigentes en la mayoría de casos,  la bandera ideológica ondeó en las grandes batallas de buena parte del siglo XX.

En las últimas tres décadas del mismo siglo XX, las cosas se arreglaron de distinto modo.  El derrumbe del modelo socialista mundial, la bancarrota del marxismo y la teoría crítica, la supuesta hegemonía del modelo de la democracia representativa en todo el mundo en un contexto complejísimo de postmodernidad y globalización fueron el marco de acelerados cambios en los partidos políticos que mutaron hacia modelos de partido-empresa.

Esos modelos autorreferenciales de los partidos impulsaron una creciente escisión o hasta divorcio con las expectativas y necesidades de la sociedad o de sus grupos para ser sustituidos por criterios empresariales; modelos  mercadológicos que solo servían como maquinarias electorales que en el fondo no se sostenían sobre un proyecto de país, sino en el cálculo de ventaja personal o de grupo.

Muy probablemente este modelo de partido sobrevive hasta la fecha, a pesar de la paradoja de nuestro país que fue testigo de una verdadera revuelta social traducida en apoyo electoral abrumador para Morena, o mejo dicho para su abanderado presidencial. Porque ya es cuestión aceptada que el arrastre individual de Andrés Manuel López Obrador como persona fue factor determinante del triunfo de Morena y sus candidatos.

Es decir que Morena no fue totalmente la plataforma organizativa que dio soporte al triunfo de Andrés Manuel, sino más bien fue al contrario. La tendencia permanece, de tal modo que la militancia lúcida ya está de acuerdo que de seguir así las cosas pronto Andrés Manuel no necesitará para nada al partido. Esto que puede ser cierto no se puede traducir en la idea de que hay que dejar que los demonios internos destruyan al partido.

Se puede ver que el proyecto de Andrés Manuel y sectores progresistas de la dirección nacional perciben con claridad las fortalezas y las debilidades de Morena, y están de acuerdo que la cuarta transformación necesita de un gran partido que conduzca el cambio en clave democrática e incluyente.

También hay claridad que la inclusión debe sostenerse en la idea de provocar una gran transformación en materia ética, doctrinaria y de compromiso con la colectividad.

En esa idea el partido habrá de convertirse en el modelo gramciano del  intelectual orgánico de las clases populares y las progresistas, como opción ciudadana que debe impulsar la izquierda moderna incluyente.

Esa es la gran tarea doctrinaria y de profesionalización pendiente que habrá de colocar a Morena como verdadero intelectual orgánico del cambio. ¿O No crees? Hay que debatirlo.

 

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