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La encrucijada de Morena

ISONOMÍA

En la renovación de sus cuadros dirigentes para este fin de año, el partido en el poder ventila la posibilidad de efectivamente renovarse y modernizarse de cara a los desafíos de la 4T o entrar en una profunda crisis derivada de la tendencias tribales y de la sorda lucha interna por el poder. Paradójicamente, aún en contra de su voluntad, tal parece que el único que puede detener el proceso de descomposición del partido es la autoridad y el poder del Presidente.

La esfera política en la vertiente que nos interesa, ventila una profunda contradicción entre el proyecto de avanzada que despliega el Presidente con el apoyo de buena parte de los mexicanos y el renqueo pavoroso del partido, supuestamente en el poder. Congestionado por las luchas internas, Morena lejos del modelo de partido, intelectual orgánico del proyecto transformador, sigue de lleno en el tendencial de distanciamiento, de las necesidades y la demanda popular.

Solo la poderosa influencia ética y política que proyecta el presidente, modera las tendencias centrífugas en el partido, fundadas sobre todo en la discrecionalidad de la toma de decisiones y la falta de respeto a la institucionalidad y los procesos establecidos. A casi nada del proceso de elección de los directivos nacionales y estatales es impresionante, como en el partido mayoritario de nuestro país, prevalece la incertidumbre sobre reglas y procesos de la elección.

Es comprensible en todo escenario de lucha política, la voluntad de todos los actores para ganar espacios de poder; sin embargo, los sistemas avanzados, civilizados y democráticos se sostienen sobre el respeto a las reglas establecidas para el juego del poder. Eso para empezar, luego, esas reglas deben ser lo más incluyente posibles, no deben estar hechas para dar ventaja al dinero y el poder acumulado.

Se acabó la etapa de la estrategia de alianzas amplias que sirvió para derribar obstáculos para el objetivo mayor de ganar el poder nacional casi a cualquier costo. El gran desafío de Morena en curso se traduce en la necesidad de conseguir un nuevo equilibrio virtuoso que acumule fuerza, experiencia e inteligencia necesaria para que el partido cumpla con su histórica tarea de hacer de la 4T, un proyecto permanente, histórico y de gran calado.

La confrontación interna lleva a la catástrofe. Ni siquiera la justificación de respeto a la independencia del partido es suficiente para abstenerse, porque si Morena cae se reducirá significativamente la oportunidad de consolidar el proyecto de cambio en su concepción integral y de de largo plazo. No habrá virtud en la voluntad presidencial si no se avoca a detener la caída de Morena como verdadera opción de cambio.

 

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